Extrema debilidad que cada noche me desvela y me devuelve a la realidad, hasta la sangre se me hiela, lo llena todo de oscuridad y me condena a cien años de soledad.
Su ruido contamina, y a mis oídos asesina en el silencio del oscuro atardecer, su brillo hace una herida como cuchillo en mis pupilas para que nunca más pueda volver a ver.
La pulsación se paraliza. La sangre deja de circular, hasta que un día no resista, hasta que un día no pueda más.






